domingo, 18 de julio de 2010

Hay momentos en los que no puedo soportar esta conciencia incansable...

Hay momentos en los que no puedo soportar esta conciencia incansable. Sólo sabe de sí misma. Las imágenes de los objetos no son los objetos en sí. Despierto, mi vigilia y mis sueños forman un contínuo. Siento que mis máquinas de escribir,mi mesa, mi silla tienen esa seguridad de un mundo sólido, donde los objetos ocupan espacio, donde no existe el vacío infinito del pensamiento insustancial que no conduce a ninguna parte más que a sí mismo. Mis recuerdos se debilitan a medida que incido en ellos una y otra vez. Se vuelven cada vez más fantasmagóricos. No temo nada tanto como perderlos por completo y no tener ya otro sitio donde vivir aparte de mi mente vacía e infinita. Si pudiera enloquecer, si pudiera provocarme la locura, quizá no sabría lo mal que estoy, lo terrible que es esta consciencia irremediablemente consciente de sí misma. Sin nada más que el contacto de la mano de Langley para saber que no estoy solo...

"HOMER Y LANGLEY" de E.L. Doctorow.