martes, 6 de diciembre de 2011

Lo que me gusta de tu cuerpo...

Lo que me gusta de tu cuerpo...

Lo que me gusta de tu cuerpo es el sexo.
Lo que me gusta de tu sexo es la boca.
Lo que me gusta de tu boca es la lengua.
Lo que me gusta de tu lengua es la palabra.

(Julio Cortázar, Papeles inesperados)

lunes, 31 de octubre de 2011

Los jadeos de Lelia

“Y ningún hombre hay para lo que espero”
María Calas


De quién es, de quién, esa serpiente
que por mi espalda sube,
de quién los dedos
que geométricos hilan jardines en mi piel.
Tus dedos... Oh, tus dedos
-de libélulas, enjambres por mi falda-
hasta que palidezcan sean mordidos;
tu sabor en mi boca se aventure
y en mi lengua se asiente.
Tus dedos... Oh, tus dedos
-de mis collares cómplices-
finjan en mi garganta asesinatos;
mi pelo, con su lluvia madreselva,
gozoso, de fragancia, los salpique.
Oh, tus dedos, corpúsculos rosados,
poros estremecidos, dime dónde,
dónde el helecho enreda su voluta,
en qué raro lugar acecha la respuesta
de mi sangre sellada.
Soy sauce agazapado, con las rodillas tensas,
con las manos crispándose en mis muslos,
intacto el rostro, el labio, mis ojos descifrando
del cielo los relieves, las estrellas.
Tus dedos... Oh, tus dedos,
falta una mariposa, un quemante aleteo
emboscado en mi piel, élitros faltan.


Ana Rosetti: Indicios vehementes

domingo, 30 de octubre de 2011

gira, corazón; gira, corazón.


VELETA
FEDERICO GARCÍA LORCA

Viento del Sur,
moreno, ardiente,
llegas sobre mi carne;
trayéndome semilla
de brillantes
miradas, empapado
de azahares.
Pones roja la luna
y sollozantes
los álamos cautivos, pero vienes
¡demasiado tarde!
¡ya he enrollado la noche de mi cuento
en el estante!
Sin ningún viento,
¡hazme caso!
gira, corazón;
gira, corazón.
Aire del Norte
¡oso blanco del viento!
llegas sobre mi carne
tembloroso de auroras
boreales,
con tu capa de espectros
capitanes,
y riyéndote a gritos
del Dante,
¡oh pulidor de estrellas!
pero vienes
demasiado tarde.
Mi almario está musgoso
y he perdido la llave.
Sin ningún viento,
¡hazme caso!
gira, corazón;
gira, corazón.
Brisas, gnomos y vientos
de ninguna parte.
Mosquitos de la rosa
de pétalos pirámides.
Alisios destetados
entre los rudos árboles,
flautas en la tormenta,
¡dejadme!
tiene recias cadenas
mi recuerdo,
y está cautiva el ave
que dibuja con trinos
la tarde.
Las cosas que se van non vuelven nunca,
todo el mundo lo sabe
y entre el claro gentío de los vientos
es inútil quejarse.
¿Verdad, chopo, maestro de la brisa?
¡es inútil quejarse!
Sin ningún viento,
¡hazme caso!
gira, corazón;
gira, corazón.

La insensibilidad del azur y las piedras

Tristeza del verano


El sol, sobre la arena, obre la arena, luchadora durmiente, Calienta un baño lánguido en tu pelo de oro Y, consumiendo incienso sobre tu hostil mejilla, Con las lágrimas mezcla un brebaje amoroso. De ese blanco flameo esa inmutable calma Te ha hecho, triste, decir -oh, mis besos miedosos-: "¡Nunca seremos una sola momia Bajo el desierto antiguo y felices palmeras!" ¡Pero tu cabellera es un río tibio, Donde ahogar sin temblores el alma obsesionante Y encontrar esa Nada desconocida, tuya! Yo probaré el afeite llorado por tus párpados, Por ver si sabe dar al corazón que heriste La insensibilidad del azur y las piedras.

Stéphan Mallarmé

Y trato de no pensar tan fuerte porque tengo miedo de que me lea la mente

No me mira a los ojos, me mira a los ojos. Una, dos, tres veces y nos reímos. Cuando me mira la nariz me siento Cyrano de Bergerac. Cuand me miras los labios me tiemblan las comisuras y se me hace agua la boca como si estuviera pensando en un churro con dulce de leche. Después me mira el cuello y me derrito y me mira la remera sin disimulo y siento que se me paran los pezones. Se me humedecen las axilas con un sudor caliente y levemente perfumado a cebolla. Apenas si respiro y froto los pies contra la suela adentro de las botas. Y trato de no pensar tan fuerte porque tengo miedo de que me lea la mente. RUMBLE de Maitena Burundarena.

domingo, 2 de octubre de 2011

el desvarío de los hipnotizados

... leí que esa especie de hechizo, ese estado de ánimo de los eneamorados en esterna espera del amor ausente tiene alg en común con el desvarío de los hipnotizados y que sus miradas son como la de los enfermos que empiezan a despertar de su delirio y levantan con esfuerzo los párpados hinchados. No ven nada más que un rostro, no oyen más un nombre. Pero un día se despiertan. Como yo. Miran a su alrededor, se frotan los ojos. Ya no ven ese rostro ... mejor dicho, siguen viéndolo, pero más difumindo. Ven el camapanario de una iglesia, un bosque, un cuadro, un libro, las caras de otras personas, toman consciencia de la magitud del universo... Es una sensación extraña. Lo que ayer te parecía insoportable, te dolía tanto que te partía el corazón, hoy ya no te hace daño. Te sientas en un banco y estás tranquila. Te pasan por la cabeza cosas como "pollo relleno" o "los maestros cantores de Nüremberg". O "hay que comprar una bombilla para la lámpara de la mesita". Eso es la realidad, y todo lo que la compone es igual de importante. Ayer todo eso resultaba improbable, volátil, incomprensible: la realidad era totalmente distinta. Ayer ansiabas venganza, o quizá redención, querías que llamara, que te necesitara desesperadamente o que lo encerraran en la cárcel y lo ejecutaran. ¿Sabes?, mientras sientas eso el otro se sentirá féliz y se mantendrá alejado. Aún tiene poder sobre ti. Minetras clames venganza, el otro se frotará las manos porque la venganza es un deseo, una especie de yugo. Pero llega un día en que despiertas, te frotas los ojos, bostezas y, de pronto, te das cuenta de que ya no quieres nada. Ni siquiera te inmutas cuando lo ves por la calle. Si llama por teléfono respondes, como debe ser. Si quiere verte, y la cita es inevitable, bueno, adelante. Y todo eso lo haces con ánimo tranquilo y sincero, ¿sabes? Ya no queda del dolor, de la convulsión, del delirio. ¿Qué ha pasado? Nolo comprendes. ¿Ya no anhelas venganza?... Y entonces te das cuenta de que esta es la verdadera venganza, la única, la perfecta: ya no quieres saber nada de él, no le deseas nada malo ni bueno, ya no puede hacerte sufrir. Antiguamente los hombres, en este caso, escribían una carta a sus amadas que siempre tenía el mismo encabezamiento: "Estimada señora..." Eso lo decía todo. Decía: "ya no puedes hacerme daño". En tales circunstancias, la mujer inteligete se echa a llorar. O quizá no. El hombre inteligente manda un buen regalo, un ramo de rosas... o la renta vitlicia. ¿Por qué no?Ahora es posible porque ya no duele. Así fue como sucedieron las cosas. Un día desperté y comencé a caminar, a vivir. Pero mi marido, el pobre, no despertó. Ni siquiera sé si se curará algún día. A veces rezo por él. LA MUJER JUSTA. Sándor Marai. Novela publicada en Hungría en 1941.

domingo, 11 de septiembre de 2011

LA MUJER JUSTA... ¡un buen comienzo!

Fíjate en ese hombre. Espera, no mires ahora, gírate hacia mí, sigmos charlando. Si mirase hacia aquí podría verme y no quiero que me salude... Ahora sí, ya puedes mirar. ¿Ese bajito y rollizo del abrigo con cuello de garduña? No, qué dices. Es el alto y pálido. El del abrigo negro que está hablando con la dependienta rubia y delgada. Le están envolviendo naranja escarchada. Qué curioso, a mí nunca me compró naaranja escarchada.

¿Que qué me ocurre? nada, querida. Espera, tengo que sonarme la nariz. ¿Se ha ido ya? Avísame cuando se haya ido.

¿Qué está pagando? Dime ¿cómo es cu cartera? Fíjate bien, yo no quiero mirar. ¿Es una cartera marrón, de piel de cocodrilo? ¿Sí? Me alegro.

¿Que por qué me alegro? Porque sí. Yo le regalé esa cartera cuando cumplió los cuarenta. De eso hace ya más de diez años. ¿Que si lo quería? Es una pregunta difícil, querida. Sí, creo que lo quería. ¿Todavía está ahí?

¡Por fin se ha ido! Un momento, voy a empolvarme la nariz. ¿Se nota que he llorado? Sé que es una tontería, pero ya ves, los seres humanos podemos llegar a ser muy tontos. Aún se mesobresalta el corazón cuando lo veo. ¿Que si puedo decirte quién era? Claro que sí, querida, no es ningún secreto. Ese hombre era mi marido.

Primera página del libro LA MUJER JUSTA de Sándor Márai (Hungría, 1900- California, 1989)

lunes, 25 de abril de 2011

Carta para volvernos a ver

Carta para volvernos a ver

Escrita en el mar, el 25-X-58, entre las 2 y las 5 de la mañana, a bordo del "Laennec",
Navifrance, por la ruta del Atlántico norte. No publicada hasta la fecha.

Lo feo fue quererte, mi Fea, conociendo cuánta víbora
era tu sangre, lo monstruoso
fue oler amor debajo de tu olorcillo a hiena, y olvidar
que eras bestia, y no a besos sino a cruel mordedura
te hubiera, en pocos meses, lo vicioso y confuso
descuerado, y te hubiera en la mujer más bella ¡por Safo! convertido.

Porque, vistas las cosas desde el mar, en el frío de la noche oceánica
y encima de este barco de lujo, con mujeres francesas y espumosas,
y mucha danza, y todo, no hay ninguna
cuyo animal, oh Equívoca, tenga más desenfreno en su fulgor
antes de ti, después de ti. No hay ojos verdes
que se parezcan tanto a la ignominia.

Ignominia es tu sangre, Burguesilla: lo turbio que te azota por dentro,
remolino viscoso de miedo y de lujuria, corrupción
de todo lo materno que es la mujer. ¡Acuérdate, Malparida, de aquella pesadilla!
No hay trampa que te valga cuando tiritas y entras al gran baile del muro
donde se te aparecen de golpe los pedazos de la muerte.

No te perdono, entiéndeme, porque no me perdono, porque el mar
-por hermoso que sea- no perdona al cadáver: lo rechaza y lo arroja
como inútil estiércol.
Muerta estás y aun entonces, cuando dormí contigo, dormí con una máquina
de parir muertos. Nadie podrá lavar mi boca sino el áspero océano,
Mujer y No-mujer, de tu beso vicioso.

Lástima de hermosura. Si hoy te falta de madre justo lo que te sobra
de ramera
y de sábana en sábana, desnuda, vas riendo
y sin embargo empiezas a llorar en lo oscuro cuando no te oye nadie,
es posible, es posible que descubras tu estrella por el viejo ejercicio
del amor, es posible que tanta espuma inútil
pierda su liviandad, se integre en la corriente, vuelva al coro del Ritmo.

Tal vez el largo oleaje de esta carta te aburra, todo este aire solemne,
pero el Ritmo ha de ser océano profundo
que al hombre y la mujer amarra y desamarra
nadie sabe por qué y, es curioso, yo mismo
no sé por qué te escribo con esta mano, y toco
tu rara desnudez terrible todavía.

No hablemos ya de mayo ni de junio, ni hablemos
del gran mes, mi Amorosa, que construyó en diamante tu figura
de amada y sobreamada, por encima del cielo, en el volcán
de aquel Chillán de Chile que vivimos los dos, y eternizamos,
silenciosos, seguros de ser uno en el vuelo.

No. Bajemos de ahí, mi Sangrienta, y entremos al agosto mortuorio:
crucemos los horribles pasadizos
de tus vacilaciones, volvamos al teléfono
que aún estará sonando. Volemos en aviones a salvar
los restos de Algo, de Alguien que va a morir, mi Dios, descuartizado.

Digamos bien las cosas. No es justo que metamos a ningún Dios en esto.
Cínicos y quirúrgicos, los dos, los dos mentimos.
Tú, la más Partidaria de la Verdad, negaste la vida hasta sangrar
contra la Especie (¿Es mucho cinco mil cuatrocientas criaturas por hora...?)
Los dos, los dos cortamos las primeras, las finas
raíces sigilosas del que quiso venir
a vemos, y a besamos, y a juntamos en uno.

Miro el abismo al fondo de este espejo quebrado, me adelanto a lo efímero
de tus días rientes y otra vez no eres nada
sino un color difícil de mujer vuelta al polvo
de la vejez. Adiós. Hueca irás. Vivirás
de lo que fuiste un día quemada por el rayo del vidente.

Mortal contradictorio: cierro esta carta aquí,
este jueves atlántico, sin Júpiter ni estrella.
No estás. No estoy. No estamos. Somos, y nada más.
Y océano,
y océano,
y únicamente océano.
GONZALO ROJAS

domingo, 24 de abril de 2011

Hay que expresar el misterio, pero sin revelar el secreto
Joan Brossa

me reía a lo lejos en el sosiego de la tarde...

Me reía con Ourique a lo lejos en el sosiego de la tarde, en la paz de la tarde del Alentejo llena de tórtolas silvestres y silencio, me reía de los psicoanalistas detentadores de la verdad jugando al ajedrez en la cabeza de las personas con el seno de la madre y el pene del padre, y el seno del padre y el pene de la madre, y el seno del pene y la madre del padre, y el peno del sene y el madre de la padre, me reía de los que curan a los homosexuales con diapositivas de chicos desnudos y descargas eléctricas, de los que tratan el temos a las arañas con arañas de alambre parecidas a insectos de carnaval, de los que se juntan en círculo para disertar sobre la angustia y cuyas manos tiemblan como hojas de ciclamor, blandidas por el enfado del viento. Me reía de pensar que éramos los modernos, los sofisticados policías de ahora, y también un poco los curas, los confesores, el Santo Oficio de ahora, me reía de pensar en los suntuosos psiquiatras obesos que endilgaban sesiones musicales a sus pacientes en nombre de técnicas oscuras, de los barrigudos, deshonestos, asexuados psiquiatras obesos, de los budas repelentes seguidos de una corte de feos discípulos extasiados, con perilla de ma macho cabrío y el pelo sucio, segregándose en la oreja inanidades rotundas.

ANTONIO LOBO ANTUNES
de Conocimiento del Infierno

Descansa en paz, MICA

EL CUERPO Y EL ALMA


Pero es más triste todavía, mucho más triste.
Triste como la rama que deja caer su fruto para nadie.
Más triste, más. Como ese vaho
que de la tierra exhala después la pulpa muerta.
Como esa mano que del cuerpo tendido
se eleva y quiere solamente acariciar las luces,
la sonrisa doliente, la noche aterciopelada y muda.
Luz de la noche sobre el cuerpo tendido sin alma.
Alma fuera, alma fuera del cuerpo, planeando
tan delicadamente sobre la triste forma abandonada.
Alma de niebla dulce, suspendida
sobre su ayer amante, cuerpo inerme
que pálido se enfría con las nocturnas horas
y queda quieto, solo, dulcemente vacío.


Alma de amor que vela y se separa
vacilando, y al fin se aleja tiernamente fría.


VICENTE ALEIXANDRE
de Sombra del paraíso

Ayer me levanté, me paseé durante horas con tu fantasma. Tú has hecho mi juventud, has hecho mi vida.

Niza, 7 de febrero de 1934

Mi hermosa pequeña dorogaia, Miércoles

No estoy al corriente de lo que sucedió el lunes por la noche. Pero he sido informado de las decisiones que querían tomar, de las propuestas de exclusión de Dalí. ¿Cómo puede éste, sabiendo que ninguno de nosotros puede tolerar en absoluto su punto de vista, insistir en defender esa causa perdida? Sea cual fuere el punto de vista que adopte Dalí, el hitlerismo representa para mí todo lo que hay de odioso en el mundo. No puedo soportar un sólo instante que se sostenga que el internacionalismo es cristiano. Esa paradoja es propia de asnos. Piense lo que piense Dalí el fascismo, todos los fascismos defienden la patria, la familia y la religión. Las teorías racistas sólo están ahí para idealizar una causa tan baja. El único filósofo en que se basan es el lamentable Gobinau (te aconsejo la lectura del último número de la N.R.F., consagrado a él. ¡Qué miseria, qué inmundicia!).

En fin, como Dalí insiste y yo estimo que:
l.° Será demasiado agradable para los fascistas tener un defensor como Dalí.
2.° Que esta obstinación es una verdadera traición (objetivamente dará, por ejemplo, la razón a Aragon), ayer envié mi voto a Breton para que en el futuro disponga de él como mejor parezca.

No puedo oír sin encolerizarme semejante reto a todo lo que siempre he creído.

Mi pequeña Gala hermosa, tampoco se te oculta que no puedo pensar en esta separación, quizá ya consumada, sin una inmensa tristeza, pues temo que complique nuestras relaciones, ya tan raras. Ayer me levanté, me paseé durante horas con tu fantasma. Tú has hecho mi juventud, has hecho mi vida.

Te amo. Tuyo para siempre.

Paul

Y no voy a cambiar en vísperas del fascismo en Francia.



Paul Eluard fue un poeta vanguardista francés, conoció a Gala en el sanatorio de Davos, donde se recuperaba de tuberculosis. Se casaron en 1917. Pero en 1929, luego de unas vacaciones en casa del pintor Salvador Dalí, Gala se transforma en la musa y amada de éste y no del otro por el resto de su vida. Así y todo, Paul Eluard y Gala se siguieron escribiendo cartas.

Solo quiero hacer el amor contigo. Las otras son divertimentos, puro diletantismo.

Ofdstadt, hacia el 30 de marzo de 1929
Sábado

No me gusta, no puedo hacerme a la idea de lo que me has dicho en los últimos tiempos de Arosa: que no tienes recuerdos, que no te gusta tenerlos. He puesto toda mi vida en el amor que siento por ti, he puesto toda mi vida en nuestra vida. De lo contrario me mataré. Nada empieza para nosotros. Para nosotros todo es presente, todo tiene que ser presente, y en este momento tanto estoy contigo en Clavadel, en Versailles, en Bray, en Eaubonne y en Arosa, como aquí contigo ausente, con mi gran nostalgia de ti. Si tengo que concebir un pasado, un presente, un futuro, me mataré. Lo deseo tan poco como entrar en la vida o las consideraciones amorosas de los demás. Mi ser, solo puedo hablar en serio contigo, porque te amo, porque eres mi único amor. No debes reprocharme nuestros malos humores. En realidad te deseo adornada de sol y de amor, te deseo feliz. He querido darte la libertad que ningún otro te habría dado. Te doy todo el placer posible, todo el disfrute de ti misma, pero me da mucho miedo que me pierdas de vista, aunque solo sea un instante. Deberías sentirte orgullosa de que ninguna otra pueda inquietarme, por mucho que lo desee. Solo en ti engendran mis deseos el delirio, solo en ti se sumerge mi amor en el amor. Pero mi amor tiene que pasar por tu amor absoluto. Si no, me mataré. Perdóname que te diga semejante cosa, pero esa es ahora para mí la consecuencia de tu indiferencia, aunque sea pasajera. Aquí vivimos muy tranquilos, nos levantamos al mediodía, preparamos la comida, ponemos el gramófono y flirteamos. Cuatro chicos y dos chicas: Mops y su amiga Apfel. Las dos vienen conmigo a París. Aquí el flirteo no se atiene gran cosa a las diferencias de sexo. A mí eso me enfría considerablemente. Mops y la Pomme son muy simpáticas, buenas camaradas, pero eso es todo. La Pomme es encantadora, pero un poco demasiado fácil. Y sin temperamento. Toda esta gente es extraordinariamente amable conmigo, todos están enamorados de mí. En cualquier caso, nada, mi niña querida, mi único ser, nada que pudiera inquietarte. Los demás me importan un bledo. Sueño que estás aquí. Es el campo de verdad, podrías vivir casi desnuda y muy tranquila y amarme. ¡¿¡No te tendré jamás como te tienen los otros!?! Soy un desdichado, un desdichado. Mi amor me queda demasiado grande.

Recibo, pequeña, tu carta del 28. Te mando esta exprés, porque me dices que te vas el martes y temo que con las fiestas no te llegue antes de tu partida.
Tu carta me hace mucho bien. Estoy más tranquilo, el día se ha aclarado. Manda la pieza de Bali a rué Ordener. Le he dicho a Janine que te mande El amor y la poesía.
Se me ha pasado el resfriado. Esto es como Imst y hace un tiempo radiante. Te adoro.

Paul


¡Ah! Cómo me gustaría estar contigo -aquí-. Y también en Locarno y en París, en el hotel Radio. ¡Cómo podría hacerte el amor! Solo quiero hacer el amor contigo. Las otras son divertimentos, puro diletantismo.

Cartas de Paul Eluard a Gala

Os aseguro que no haré ningún reproche...

Cartas de Paul Eluard a Gala
Euabonne, abril de 1928

Lunes a las cuatro

Mi amor querido, mi dulce amor, sigo en cama. Acabo de tener un sueño maravilloso, uno de esos sueños diurnos donde las emociones físicas te dejan al despertarte toda la parte correspondiente al deseo... y el deseo que arrastras después, ya despierto, se parece tanto al placer del sueño. Estaba tumbado en una cama al lado de un hombre que no puedo identificar con seguridad, pero un hombre sumiso, soñador desde siempre y para siempre y silencioso. Le doy la espalda. Y tú vienes a tumbarte cuan larga eres pegada a mí, me besas los labios dulcemente, muy dulcemente y yo te acaricio bajo el vestido los senos, fluidos, tan vivos. Y tu mano pasa, muy despacio, por encima mío, busca al otro personaje y se aposenta en su sexo. Lo veo en tus ojos, que se turban lentamente, cada vez más. Y tu beso se hace más cálido, más húmedo, y tus ojos se abren más y más. La vida del otro pasa a ti y al poco rato es como si masturbaras a un muerto. Me despierto, ligeramente ebrio, incapaz de renunciar al placer. Confieso que el regreso a Arosa no me parece triste, que de hecho no es un regreso a Arosa sino un regreso a ti, por consiguiente a mi amor. Por consiguiente, sólo una cosa deseo: verte, tocarte, besarte, hablarte, admirarte, acariciarte, adorarte, mirarte, te amo, te amo sólo a ti, la más bella y en todas las mujeres sólo a ti te encuentro: toda la Mujer, todo mi amor tan grande, tan simple.

Estoy mejor. Esta mañana ha venido Philippon, dice que hay que ser prudente, pero que no tengo nada en el pecho. Me ha dado para la nariz, que me molestaba mucho, una pomada de cocaína que me ha calmado inmediatamente. He pensado muchas veces en mandarte libros, pero no los he encontrado hasta hace tres días. Y los leo antes de llevármelos, por prudencia. Tendrás al menos tres, de los que dos te gustarán, seguro que te encantarán. En todas las cartas te digo que los vestidos están bien y estarás esperando el oro y el moro. No te hagas demasiadas ilusiones. Tengo, por el contrario, la impresión de que será apenas lo justo. En fin, con tal de que mi bienamada haga el amor bien desnuda... ¡y también bien vestida!

Recibí vuestro telegrama antes del sueño descrito al dorso. «Besos», decía. Eso fue lo que me inquietó tanto. Y también unos recuerdos reavivados, ya te contaré en Arosa. Pero sufro terriblemente de tu ausencia. Tengo una voluntad cada vez más fuerte de mejorar. Me sentí muy halagado por las alabanzas de una pequeña berlinesa muy bonita que me encontré en casa de Crevel (la conocimos en Berlín; quería vender dos pequeños Rousseau. Su marido era un joven pederasta [bastante] guapo, a ti te pareció hasta «muy apuesto»): que soy «grande y apuesto, con la cintura estrecha y los hombros anchos». ¡Que conserve sus ilusiones! ¡Quitárselas me parecería un sacrilegio!! ¡Ji! , ji! Te mando más fotos de tu Jouk que «también» se comporta muy «amablemente» conmigo, se sube a la cama. Le hablo de ti. Mueve el rabo, me apoya el morro en la mano.

Saldré sin falta el viernes por la noche. Deberíais salir de Magadino el sábado por la mañana, temprano, para llegar a Arosa por la noche, a menos que prefiráis quedaros el domingo en Magadino por razones [sic]. Os aseguro que no haré ningún reproche. En ese caso lo arreglaré todo en Arosa para recibiros dignamente. Mi deseo de veros no disminuirá por ello. En cualquier caso, lo cierto es que vuestra imagen no se separa de mí un instante, que os amo en todo: en todo, también en toda carne, en todo amor. Soy vuestro marido para siempre,

Paul

Os mando un dibujito que me gusta mucho. Para enmarcar. Y mis fotos. También me van a reembolsar un exceso de impuestos que pagó mi padre: 4 ó 5 000 frs. Voy a dormirme otra vez. Soñar con GALA. Os llevaré un poema para vos.

Manuel Aleixandre que estás en los cielos...

UNA NOCHE QUE DURÓ OCHO AÑOS...







AMADOR todo un tratado sobre la soledad

sábado, 23 de abril de 2011

No volveré a llorar tu ausencia, siempre estaré contigo...



No volveré a llorar tu ausencia, siempre estaré contigo.
La insistencia no extraña tu cuerpo, posee tu corazón...
Lucía Serrano de ME DUELE LA LEJANIA