domingo, 29 de marzo de 2009
hay cuerpos que no deben repetirse en la aurora...
Por el East River y el Bronx
los muchachos cantaban enseñando sus cinturas,
con la rueda, el aceite, el cuero y el martillo.
Noventa mil mineros sacaban la plata de las rocas
y los niños dibujaban escaleras y perspectivas.
Pero ninguno se dormía,
ninguno quería ser el río,
ninguno amaba las hojas grandes,
ninguno la lengua azul de la playa.
Por el East River y el Queensborough
los muchachos luchaban con la industria,
y los judíos vendían al fauno del río
la rosa de la circuncisión
y el cielo desembocaba por los puentes y los tejados
manadas de bisontes empujadas por el viento.
Pero ninguno se detenía,
ninguno quería ser nube,
ninguno buscaba los helechos
ni la rueda amarilla del tamboril.
Cuando la luna salga
las poleas rodarán para tumbar el cielo;
un límite de agujas cercará la memoria
y los ataúdes se llevarán a los que no trabajan.
Nueva York de cieno,
Nueva York de alambres y de muerte.
¿Qué ángel llevas oculto en la mejilla?
¿Qué voz perfecta dirá las verdades del trigo?
¿Quién el sueño terrible de sus anémonas manchadas?
Ni un solo momento, viejo hermoso Walt Whitman,
he dejado de ver tu barba llena de mariposas,
ni tus hombros de pana gastados por la luna,
ni tus muslos de Apolo virginal,
ni tu voz como una columna de ceniza;
anciano hermoso como la niebla
que gemías igual que un pájaro
con el sexo atravesado por una aguja,
enemigo del sátiro,
enemigo de la vid
y amante de los cuerpos bajo la burda tela.
Ni un solo momento, hermosura viril
que en montes de carbón, anuncios y ferrocarriles,
soñabas ser un río y dormir como un río
con aquel camarada que pondría en tu pecho
un pequeño dolor de ignorante leopardo.
Ni un sólo momento, Adán de sangre, macho,
hombre solo en el mar, viejo hermoso Walt Whitman,
porque por las azoteas,
agrupados en los bares,
saliendo en racimos de las alcantarillas,
temblando entre las piernas de los chauffeurs
o girando en las plataformas del ajenjo,
los maricas, Walt Whitman, te soñaban.
¡También ese! ¡También! Y se despeñan
sobre tu barba luminosa y casta,
rubios del norte, negros de la arena,
muchedumbres de gritos y ademanes,
como gatos y como las serpientes,
los maricas, Walt Whitman, los maricas
turbios de lágrimas, carne para fusta,
bota o mordisco de los domadores.
¡También ése! ¡También! Dedos teñidos
apuntan a la orilla de tu sueño
cuando el amigo come tu manzana
con un leve sabor de gasolina
y el sol canta por los ombligos
de los muchachos que juegan bajo los puentes.
Pero tú no buscabas los ojos arañados,
ni el pantano oscurísimo donde sumergen a los niños,
ni la saliva helada,
ni las curvas heridas como panza de sapo
que llevan los maricas en coches y terrazas
mientras la luna los azota por las esquinas del terror.
Tú buscabas un desnudo que fuera como un río,
toro y sueño que junte la rueda con el alga,
padre de tu agonía, camelia de tu muerte,
y gimiera en las llamas de tu ecuador oculto.
Porque es justo que el hombre no busque su deleite
en la selva de sangre de la mañana próxima.
El cielo tiene playas donde evitar la vida
y hay cuerpos que no deben repetirse en la aurora.
Agonía, agonía, sueño, fermento y sueño.
Éste es el mundo, amigo, agonía, agonía.
Los muertos se descomponen bajo el reloj de las ciudades,
la guerra pasa llorando con un millón de ratas grises,
los ricos dan a sus queridas
pequeños moribundos iluminados,
y la vida no es noble, ni buena, ni sagrada.
Puede el hombre, si quiere, conducir su deseo
por vena de coral o celeste desnudo.
Mañana los amores serán rocas y el Tiempo
una brisa que viene dormida por las ramas.
Por eso no levanto mi voz, viejo Walt Whítman,
contra el niño que escribe
nombre de niña en su almohada,
ni contra el muchacho que se viste de novia
en la oscuridad del ropero,
ni contra los solitarios de los casinos
que beben con asco el agua de la prostitución,
ni contra los hombres de mirada verde
que aman al hombre y queman sus labios en silencio.
Pero sí contra vosotros, maricas de las ciudades,
de carne tumefacta y pensamiento inmundo,
madres de lodo, arpías, enemigos sin sueño
del Amor que reparte coronas de alegría.
Contra vosotros siempre, que dais a los muchachos
gotas de sucia muerte con amargo veneno.
Contra vosotros siempre,
Faeries de Norteamérica,
Pájaros de la Habana,
Jotos de Méjico,
Sarasas de Cádiz,
Ápios de Sevilla,
Cancos de Madrid,
Floras de Alicante,
Adelaidas de Portugal.
¡Maricas de todo el mundo, asesinos de palomas!
Esclavos de la mujer, perras de sus tocadores,
abiertos en las plazas con fiebre de abanico
o emboscadas en yertos paisajes de cicuta.
¡No haya cuartel! La muerte
mana de vuestros ojos
y agrupa flores grises en la orilla del cieno.
¡No haya cuartel! ¡Alerta!
Que los confundidos, los puros,
los clásicos, los señalados, los suplicantes
os cierren las puertas de la bacanal.
Y tú, bello Walt Whitman, duerme a orillas del Hudson
con la barba hacia el polo y las manos abiertas.
Arcilla blanda o nieve, tu lengua está llamando
camaradas que velen tu gacela sin cuerpo.
Duerme, no queda nada.
Una danza de muros agita las praderas
y América se anega de máquinas y llanto.
Quiero que el aire fuerte de la noche más honda
quite flores y letras del arco donde duermes
y un niño negro anuncie a los blancos del oro
la llegada del reino de la espiga.
Federico García Lorca
sábado, 28 de marzo de 2009
EL SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO
(monólogo de PUCK)... Si nosotros, vanas sombras, os hemos ofendido,
pensad sólo esto y todo está arreglado:
que os habéis quedado aquí dormidos
mientras han aparecido esas visiones.
Y esta débil y humilde ficción
no tendrá sino la inconsistencia de un sueño;
amables espectadores, no nos reprendáis;
si nos perdonais, nos enmendaremos.
Y, a fe de honrado Puck,
que si hemos tenido la fortuna
de escaparnos ahora del silbido de la serpiente,
procuraremos corregirnos de inmediato.
De lo contrario, llamad a Puck embustero.
Así, pues, buenas noches a todos.
Dadme vuestras manos, si es que somos amigos,
y Robin os lo restituirá con resarcimiento.
W. sShakespeare
la desesperada obligatoriedad de perdonarse a uno mismo o a los demás
AMARLA ES DIFÍCIL
Es buena cuando duerme;
el calor de su cuerpo es un puñal de vidrio
que remonta los sueños.
Cuando calla, es buena
y su voz una premonición olvidada y peligrosa
que arruina el silencio.
Cuando grita o llora
o se lamenta o se divierte o se cansa,
nada puede contener
este dolor alegre que envenena
mis sueños y mi soledad.
Por eso es difícil pensar
en ella, en su cara bondadosa;
abandonarse; por eso
es una cobardía retenerla
y dejarla ir, una pavorosa crueldad.
A veces, cuando lo pienso,
no sé qué hacer con ella,
con este destino luminoso.
Francisco Urondo.
ENTRA, TU SOMBRA CUBRE ESTA PÁGINA...
Óyeme como quien oye llover,
Ni atenta ni distraída,
Pasos leves, llovizna,
Agua que es aire, aire que es tiempo,
El día no acaba de irse,
La noche no llega todavía,
Figuraciones de la niebla
Al doblar la esquina,
Figuraciones del tiempo
En el recodo de esta pausa,
Óyeme como quien oye llover,
Sin oírme, oyendo lo que digo
Con los ojos abiertos hacia adentro,
Dormida con los cinco sentidos despiertos,
Llueve, pasos leves, rumor de sílabas,
Aire y agua, palabras que no pesan:
Lo que fuimos y somos,
Los días y los años, este instante,
Tiempo sin peso, pesadumbre enorme,
Óyeme como quien oye llover,
Relumbra el asfalto húmedo,
El vaho se levanta y camina,
La noche se abre y me mira,
Eres tú y tu talle de vaho,
Tú y tu cara de noche,
Tú y tu pelo, lento relámpago,
Cruzas la calle y entras en mi frente,
Pasos de agua sobre mis párpados,
Óyeme como quien oye llover,
El asfalto relumbra, tu cruzas la calle,
Es la niebla errante en la noche,
Es la noche dormida en tu cama
Es el oleaje de tu respiración,
Tus dedos de agua mojan mi frente,
Tus dedos de llama queman mis ojos,
Tus dedos de aire abren los párpados del tiempo,
Manar de apariciones y resurrecciones,
Óyeme como quien oye llover,
Pasan los años, regresan los instantes,
¿ oyes tus pasos en el cuarto vecino?
No aquí ni allí·: los oyes
En otro tiempo que es ahora mismo,
Oye los pasos del tiempo
Inventor de lugares sin peso ni sitio,
Oye la lluvia correr por la terraza,
La noche ya es más noche en la arboleda,
En los follajes ha anidado el rayo,
Vago jardín a la deriva
- entra, tu sombra cubre esta página.
Octavio Paz
LA MUERTE, EL AMOR, LA VIDA
Creí que me rompería lo inmenso lo profundo
Con mi pena desnuda sin contacto sin eco
Me tendí en mi prisión de puertas vírgenes
Como un muerto sensato que había sabido morir
Un muerto coronado sólo de su nada
Me tendí sobre las olas absurdas del verano
Absorbido por amor a la ceniza
La soledad me pareció más viva que la sangre
Quería desunir la vida
Quería compartir la muerte con la muerte
Entregar mi corazón vacío a la vida
Borrarlo todo que no hubiera ni vidrio ni vaho
Nada delante nada detrás nada entero
Había eliminado el hielo de las manos juntas
Había eliminado la osamenta invernal
Del voto de vivir que se anula.
Tú viniste y se reanimó el fuego
Cedió la sombra el frío aquí abajo se llenó de estrellas
Y se cubrió la tierra
De tu carne clara y me sentí ligero
Viniste la soledad fue vencida
Tuve una guía sobre la tierra y supe
Dirigirme me sabía sin medida
Adelantaba ganaba tierra y espacio
Iba hacia iba sin fin hacia la luz
La vida tenía un cuerpo la esperanza tendía sus velas
Promisora de miradas confiadas para el alba
De la noche surgía una cascada se sueños
Los rayos de tus brazos entreabrían la niebla
El primer rocío humedecía tu boca
Deslumbrando reposo remplazaba el cansancio
Yo amaba el amor como en mis primeros días.
Los campos están labrados las fábricas resplandecen
Y el trigo hace su nido en una enorme marea
Las mieses la vendimia tienen muchos testigos
Nada es singular ni simple
El mar está en los ojos del cielo o de la noche
El bosque da a los árboles seguridad
Y los muros de las casas tienen una piel común
Los caminos siempre se encuentran
Los hombres están hechos para entenderse
Para comprenderse para amarse
Tienen hijos que serán padres de los hombres
Tienen hijos sin fuego ni lugar
Que inventarán de nuevo a los hombres
Y la naturaleza y su patria
La de todos los hombres
La de todos los tiempos
Paul Eluard
Incluida en el libro: El ave fénix
FUERA DE LOS BRAZOS
Fuera de los brazos de una amada
y dentro de los brazos de otra.
he sido salvado de morir en la cruz
por una señora que fuma mota
y que escribe canciones y cuentos,
que es mucho más cariñosa que la anterior
y el sexo es tan bueno o mejor.
no es nada agradable ser clavado en la cruz, abandonado,
es mucho más placentero olvidar a un amor
que no funcionó
ya que finalmente
ningún amor funciona.
es mucho más placentero hacer el amor
en la costa Del Mar
en el cuarto 42 y después
sentarse en la cama, tomar un buen vino,
platicar, tocarla, fumar
o escuchar las olas
he muerto muchas veces
creyendo y esperando, esperando
en un cuarto,
la mirada fija en el techo agrietado,
esperando un telefonazo; una carta, un toquido en la puerta,
un sonido...
volviéndose loco
mientras ella baila con desconocidos
en un centro nocturno.
no es nada agradable morir en la cruz
es más placentero escuchar tu nombre, quedito,
en la oscuridad.
Del libro: Burning in water,
drowing in flame
Bukowski
Con reflejo de luna, con dolor de mejilla, con vaguedad de sueño
las manos
Mira tu mano, que despacio se mueve,
transparente, tangible, atravesada por la luz,
hermosa, viva, casi humana en la noche.
Con reflejo de luna, con dolor de mejilla, con vaguedad de sueño
mírala así crecer, mientras alzas el brazo,
búsqueda inútil de una noche perdida,
ala de luz que cruzando en silencio
toca carnal esa bóveda oscura.
No fosforece tu pesar, no ha atrapado
ese caliente palpitar de otro vuelo.
Mano volante perseguida: pareja.
Dulces, oscuras, apagadas, cruzáis.
Sois las amantes vocaciones, los signos
que en la tiniebla sin sonido se apelan.
Cielo extinguido de luceros que, tibios,
campo a los vuelos silenciosos te brindas.
Manos de amantes que murieron, recientes,
manos con vida que volantes se buscan
y cuando chocan y se estrechan encienden
sobre los hombres una luna instantánea.
VICENTE ALEIXANDRE
EL SUEÑO
Hay momentos de soledad en que el corazón reconoce, atónito, que no ama.
Acabamos de incorporarnos, cansados: el día oscuro.
Alguien duerme, inocente, todavía sobre ese lecho.
Pero quizá nosotros dormimos…
Ah, no: nos movemos.
Y estamos tristes, callados. La lluvia, allí insiste.
Mañana de bruma lenta, impiadosa. ¡Cuán solos!
Miramos por los cristales. Las ropas, caídas;
el aire, pesado; el agua, sonando. Y el cuarto,
helado en este duro invierno que, fuera, es distinto.
Así te quedas callado, tu rostro en tu palma.
Tu codo sobre la mesa. La silla, en silencio.
Y sólo suena el pausado respiro de alguien,
de aquella que allí, serena, bellísima, duerme
y sueña que no la quieres, y tú eres su sueño.
VICENTE ALEIXANDRE
YA NO TENGO SED DE SANGRE...
Y todos sabemos que va a resucitar una de estas mañanas al apagarse todas las lámparas como ríos desbocados.
El mar diría sencillamente: Habéis olvidado mi dulce testamento.
Luego repetiría lo anterior y tal vez agregaría: Ya no tengo sed de sangre. Necesito sólo el incendio de mis rocas, de mis rocas enamoradas, necesito sus ojos y sus labios, necesito la voz de mi único amigo, de mi Altazor, el comprensivo, con esas miradas que sorprendieron mi corazón en un momento de debilidad que no quiere perdonarme y luego me ha perdonado a causa de su voz más mía que la suya.
En realidad, Altazor nunca supo dormir muy bien.
Vicente Huidobro
Apenas él le amalaba el noema...

LUCIEN FREUD "Dormeurs"
Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo que él aproximara suavemente sus orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, la esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentían balparamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.
Julio Cortázar
CINE IMPRESCINDIBLE
Bertold Brecht
viernes, 27 de marzo de 2009
VIAJE AL FIN DE LA NOCHE
VIAJE AL FIN DE LA NOCHE Louis-Ferdinand Céline
Ella es todos los reinos y yo, todos los príncipes
Viejo necio afanoso, ingobernable sol,
¿por qué de esta manera,
a través de ventanas y visillos, nos llamas?
¿Acaso han de seguir tu paso los amantes?
Ve, lumbrera insolente, y reprende más bien
a tardos colegiales y huraños aprendices,
anuncia al cortesano que el rey saldrá de caza,
ordena a las hormigas que guarden la cosecha;
Amor, que nunca cambia, no sabe de estaciones,
de horas, días o meses, los harapos del tiempo.
¿Por qué tus rayos juzgas
tan fuertes y esplendentes?
Yo podría eclipsarlos de un solo parpadeo,
que más no puedo estarme sin mirarla.
Si sus ojos aún no te han cegado,
fíjate bien y dime, mañana a tu regreso,
si las Indias del oro y las especias
prosiguen en su sitio, o aquí conmigo yacen.
Pregunta por los reyes a los que ayer veías
y sabrás que aquí yacen Todos, en este lecho.
Ella es todos los reinos y yo, todos los príncipes,
y fuera de nosotros nada existe;
nos imitan los príncipes. Comparado con esto,
todo honor es remedo, toda riqueza, alquimia.
Tú eres, sol, la mitad de feliz que nosotros,
luego que a tal extremo se ha contraído el mundo.
Tu edad pide reposo, y pues que tu deber
es calentar el mundo, con calentarnos baste.
Brilla para nosotros, que en todo habrás de estar,
este lecho tu centro, tu órbita estas paredes. -
JOHN DONNE
tres colores, rojo
Te quiero.
Te lo he dicho con el viento,
jugueteando como animalillo en la arena
o iracundo como órgano impetuoso;
Te lo he dicho con el sol,
que dora desnudos cuerpos juveniles
y sonríe en todas las cosas inocentes;
Te lo he dicho con las nubes,
frentes melancólicas que sostienen el cielo,
tristezas fugitivas;
Te lo he dicho con las plantas,
leves criaturas transparentes
que se cubren de rubor repentino;
Te lo he dicho con el agua,
vida luminosa que vela un fondo de sombra;
te lo he dicho con el miedo,
te lo he dicho con la alegría,
con el hastío, con las terribles palabras.
Pero así no me basta:
más allá de la vida,
quiero decírtelo con la muerte;
más allá del amor,
quiero decírtelo con el olvido.
LUIS CERNUDA
Creo en mí porque algún día seré todas las cosas que amo
El mirlo, la gaviota,
El tulipán, las tuberosas,
La pampa dormida en Argentina,
El Mar Negro como después de una muerte,
Las niñitas, los tiernos niños,
Las jóvenes, el adolescente,
La mujer adulta, el hombre,
Los ancianos, las pompas fúnebres,
Van girando lentamente con el mundo;
Como si una ciruela verde,
Picoteada por el tiempo,
Fuese inconmovible en la rama.
Tiernos niñitos, yo os amo;
Os amo tanto, que vuestra madre
Creería que intentaba haceros daño.
Dame las glicinas azules sobre la tapia inocente,
Las magnolias embriagadoras sobre la falda blanca y vacía,
El libro melancólico entreabierto,
Las piernas entreabiertas,
Los bucles rubios del adolescente;
Con todo ello haré el filtro sempiterno:
Bebe unas gotas y verás la vida como a través de un vidrio coloreado.
Déjame, ya es hora de que duerma,
De dormir este sueño inacabable.
Quiero despertar algún día,
Saber que tu pelo, niño,
Tu vientre suave y tus espaldas
No son nada, nada, nada.
Recoger conchas delicadas:
Mira qué viso violado.
Las escamas de los súbitos peces,
Los músculos dorados del marino,
Sus labios salados y frescos,
Me prenden en un mundo de espejismos.
Creo en la vida,
Creo en ti que no conozco aún,
Creo en mí mismo;
Porque algún día yo seré todas las cosas que amo:
El aire, el agua, las plantas, el adolescente.
Luis Cernuda
martes, 24 de marzo de 2009
ESCRITO ESTA EN MI ALMA VUESTRO GESTO
y cuanto yo escribir de vos deseo;
vos sola lo escribisteis, yo lo leo
tan solo, que aun de vos me guardo en esto.
En esto estoy y estaré siempre puesto;
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.
Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma mismo os quiero.
Cuando tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir, y por vos muero.
GARCILASO DE LA VEGA
EL ALBA DISUELVE LOS MONSTRUOS
IGNORABAN
Que la belleza del hombre es más grande que el hombre
Vivían para pensar pensaban en callarse
Recuperaban su inocencia con la muerte
Habían puesto en orden
Bajo el nombre de riqueza
Su miseria su amante
Mordisqueaban flores y sonrisas
Sólo encontraban corazones en la punta de su fusil
No comprendían las injurias de los pobres
De los pobres indiferentes mañana
Sueños sin sol les convertían en eternos
Pero para que la nube se transformara en barro
Descendían ya no daban cara al cielo
Toda su noche su muerte su bella sombra miseria
Miseria para los demás
Olvidaremos a esos enemigos indiferentes
Una multitud muy pronto
Repetirá la clara llama con voz muy dulce
La llama para nosotros dos par nosotros sólo paciencia
Para nosotros dos dondequiera que sea el beso de los vivos
PAUL ELUARD
¿ AQUIÉN LE DIO TANTAS CARICIAS QUE SOBRARON?
aquellas que olvidé ponerte sobre el pecho?"
Carilda Oliver Labra
EL REGLAMENTO ES EL REGLAMENTO
para algunos la mjor película del cine español
ENTRE LA PENA Y LA NADA, ELIJO LA PENA
William Faulkner
Las palmeras salvajes (fragmento)
EL SECRETO DE MI RESISTENCIA
I still get letters in the mail, mostly from cracked-up
men in tiny rooms with factory jobs or no jobs who are
living with whores or no woman at all, no hope, just
booze and madness.
Most of their letters are on lined paper
written with an unsharpened pencil
or in ink
in tiny handwriting that slants to the
left
and the paper is often torn
usually halfway up the middle
and they say they like my stuff,
I've written from where it's at, and
they recognize that. truly, I've given them a second
chance, some recognition of where they're at.
it's true, I was there, worse off than most
of them.
but I wonder if they realize where their letters
arrive?
well, they are dropped into a box
behind a six-foot hedge with a long driveway leading
to a two car garage, rose garden, fruit trees,
animals, a beautiful woman, mortgage about half
paid after a year, a new car,
fireplace and a green rug two-inches thick
with a young boy to write my stuff now,
I keep him in a ten-foot cage with a
typewriter, feed him whiskey and raw whores,
belt him pretty good three or four times
a week.
I'm 59 years old now and the critics say
my stuff is getting better than ever.
from Dangling In The Tourne
lunes, 23 de marzo de 2009
SOY UN SER HUMANLO
"… Finalmente nos queda la contradicción aparente del “chico normal” que hace “cine pervertido”: el director encantador, campechano y con sentido del humor; de Missoula, Montana, que hurgadebajo de las rocas para exhibir las hormigas rojas, la oscuridad y
imagen más compleja.
DAVID LYNCH POR DAVID LYNCH
CHRIS RODLEY