sábado, 11 de abril de 2009

con 37 grados todo se vuelve trivial...

...Al alzar la nariz hacia toda aquella muralla, experimenté una especie de vértigo al revés, por las ventanas demasiado numerosas y tan parecidas por todos lados, que daban naúseas.

Vestido precariamente y aterido, me apresuré hacia la hendidura más sombría que se pudiera descubrir en aquella fachada gigantesca, con la esperanza de que los peatones no me viesen apenas entre ellos. Vergüenza superflua. No tenía nada que temer. En la calle que había elegido, la más estrecha de todas, la verdad, no más ancha que un aroyo de nuestros pagos, y bien mugrienta en el fondo, bien húmeda, llena de tinieblas, caminaban ya tantos otros, pequeños y grandes, que me llevaron consigo como una sombra. Subían como yo a la ciudad, hacia el curro seguramente, con la nariz gacha. Eran los pobres de todas partes...

Como si supiera adónde iba, hice como que elegía otra vez y cambié de camino, seguí a mi derecha otra calle, mejor iluminada. Broadway se llamaba. El nombre lo leí en una placa. Muy por encima de los últimos pisos, arriba, estaba la luz del día junto con gaviotas y pedazos de cielo. Nosotros avanzábamos en la luz de abajo, enferma como la de la selva y tan gris, que la cale estaba llena de ella, como un gran amasijo de algodón sucio.

Era como una herida triste, la calle, que no acababa nunca, on nosotros al fondode un lado al otro, de una pena a otra, hacia el extremo fin, que no se ve nunca, el fin de todas las calles del mundo.

No pasaban coches, sólo gente y más gente todavía...

VIAJE AL FIN DE LA NOCHE
Louis-Ferdinand Céline

RUMBLE FISH
Francis Ford Coppola

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