martes, 4 de junio de 2013

Vuelvo a pensar en aquel especialista del que Antoine, Hélène y yo nos burlamos un poco en el coche: era un tío con bermudas rosa, gordito, ceceante, que con su flequillo de pelo teñido tenía pinta de interpretar al peluquero homosexual en una comedia ligera, y sólo ahora mismo, al escribirlo, me pregunto qué podría inducirle a ir voluntariamente el domingo a maquillar cadáveres guiando sobre sus rostros los dedos de los parientes más próximos. Quizá simplemente el gusto de ser útil. Es para mí una motivación más misteriosa que la perversidad.

Emmanuel Carrère
De vidas ajenas

No hay comentarios:

Publicar un comentario