...Bailaron y se besaron en lo más húmedo y sombrío del jardín, inquietando a los pájaros, bajo el cielo rojizo que parecía palpitar entre las ramas de las acacias. El joven del Sur dejó de fingir, de repente las palabras de amor brotaban ardientes de sus labios,traspasadas, devoradas por la fiebre de la sinceridad: aún en las circunstancias en que por su temparamento intrigante y farolero se colocaba en el más alto grado de imprudencia, y por muy lejos que le llevaran su capacidad de mentira y su listeza, algo había en su corazón que le confería cierta curiosa concepción de sí mismo, su propio rango y su estatura espiritual, algo que le obligaba, en determinados momentos, a jugar limpio. Y aún sin quererlo, su boca había de acabar uniéndose a la de la muchacha con verdadera consciencia de realizar parte de un rito amoroso que requiere fe y cierta voluntad de entrega, cierto candor que aún se nutría delos sueños heroicos de la mocedad, y cuya pervivencia va más allá del pasatiempo y exige más dedicación, más fantasía y más valor del que desde luego hacían gala los aarogantes pipiolos en esta verbena...
de ÚLTIMAS TARDES CON TERESA Juan Marsé

Fotografía de
Robert Doisneau realizada en París en 1950
No hay comentarios:
Publicar un comentario