viernes, 7 de agosto de 2009

SIEMPRE, SIEMPRE, SIEMPRE...

Novia: ¡Porque yo me fui con el otro, me fui! (Con angustia)



Tú también te hubieras ido.



Yo era una mujer quemada,



llena de llagas por dentro y por fuera,



y tu hijo era un poquito de agua de la que yo esperaba hijos, tierra, salud;



pero el otro era un río oscuro, lleno de ramas,



que acercaba a mí el rumor de sus juncos y su cantar entre dientes.



Y yo corría con tu hijo que era como un niñito de agua, frío,



y el otro me mandaba cientos de pájaros que me impedían el andar y que dejaban escarcha sobre



mis heridas de pobre mujer marchita,



de muchacha acariciada por el fuego.



Yo no quería, ¡óyelo bien!; yo no quería, ¡óyelo



bien!. Yo no quería.



¡Tu hijo era mi fin y yo no lo he engañado,



pero el brazo del otro me arrastró como un golpe de mar,



como la cabezada de un mulo,



y me hubiera arrastrado siempre,



siempre, siempre, siempre,



aunque hubiera sido vieja



y todos los hijos de tu hijo me hubiesen agarrado de los cabellos!








FEDERICO GARCÍA LORCA



de BODAS DE SANGRE

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