Novia: ¡Porque yo me fui con el otro, me fui! (Con angustia)
Tú también te hubieras ido.
Yo era una mujer quemada,
llena de llagas por dentro y por fuera,
y tu hijo era un poquito de agua de la que yo esperaba hijos, tierra, salud;
pero el otro era un río oscuro, lleno de ramas,
que acercaba a mí el rumor de sus juncos y su cantar entre dientes.
Y yo corría con tu hijo que era como un niñito de agua, frío,
y el otro me mandaba cientos de pájaros que me impedían el andar y que dejaban escarcha sobre
mis heridas de pobre mujer marchita,
de muchacha acariciada por el fuego.
Yo no quería, ¡óyelo bien!; yo no quería, ¡óyelo
bien!. Yo no quería.
¡Tu hijo era mi fin y yo no lo he engañado,
pero el brazo del otro me arrastró como un golpe de mar,
como la cabezada de un mulo,
y me hubiera arrastrado siempre,
siempre, siempre, siempre,
aunque hubiera sido vieja
y todos los hijos de tu hijo me hubiesen agarrado de los cabellos!
FEDERICO GARCÍA LORCA
de BODAS DE SANGRE
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