“La vida no es justa con nosotros: buscamos consuelo a lo que no puede ser consolado, explicaciones a lo que es incomprensible, justificación para lo injustificable. No hay razón en la locura, ni lógica en el corazón que se nos envenena con la existencia. Me he preguntado por qué los hombres buenos son los que más sufren el dolor de la pérdida de los suyos, la traición, el olvido y la humillación. Se lo he preguntado al Señor... Pero este viejo sacerdote no ha encontrado ninguna respuesta. Ojala encuentres a tu hija, y Dios quiera que puedas perdonar el daño que te hizo tu esposa al dejarte solo con esta culpa; incluso rezo para que encuentres la fuerza que te haga olvidar a los que tanto daño te han hecho. Pero en tus ojos no veo perdón. Solo hastío y un gran cansancio... Coge esa bolsa, haz lo que tengas que hacer y luego trata de empezar de nuevo. Quizá tengas más suerte esta vez. Deja la venganza, César. Y no porque la venganza sea pecado, sino porque en ella no encontrarás consuelo ni respuesta. Y cúrate esa herida;”
Pasaje de: VICTOR DEL ARBOL. “LA TRISTEZA DEL SAMURAI.”
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