Mi madre dice que la mediocridad se contagia, y es verdad. Mi padre siempre ha sido una persona muy serena. Exigente, pero con elegancia. Con él me pasa algo que sé que no me pasará con nadie más: saber que soy suficiente para hacer feliz a alguien. Yo nunca he sentido ninguna losa con él. No me juzga. No me aplasta. Al contrario. Me querrán de otra manera, pero así nunca. Poco a poco, se nos va toda una generación de actores que fue importante, muy importante. Por lo que hacían y por cómo lo hacían. Y me temo que nosotros ni somos tan importantes ni tan completos. Mi padre es un hombre capaz de ser feliz con una mañana de sol y un libro en las manos. Un caballero, siempre un señor. Con sus ojos verdes, y esa voz. ¿Qué más se puede pedir? Sinceramente, al menos como hija, nada más”.
Cayetana Guillén Cuervo
No hay comentarios:
Publicar un comentario