Nunca pude entender el final de algunas de mis películas. Pero me he quedado con las ganas de saber el nombre del delator para ponerlo en este Libro de Réquiems, sepultado en un monumento de infamia y de basura. Y mejor así, porque en honor de mis poetas románticos, antes de arrugar el papel, le escribo una lauda: Etiam Implora Pace, también pide paz. Para los míos el recuerdo insistente y leal. Para los verdugos el olvido, que es una oración para que se los lleve el agujero negro de la eternidad.
Libro de Réquiems.
Mauricio Wiesenthal
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