¿Quieren elogiarme? Decretan que soy un mago. Con un toque de varita, la obra cae del cielo, lista para ser servida. No tengo inconveniente en confiarles mi secreto: trabajo. Soy un obrero, un artesano que, lo confieso, se consagra intensamente y no se contenta con poca cosa. Encerrado en la capilla de Villefranche como un faraón que pintara su propio sarcófago, no siento el desaliento ni de día ni de noche. Sólo me acuesto cuando la pared habla por mí y no farfulla. Desvelo el secreto profesional en la forma de utilizarlo, aunque hay que saber utilizarlo y conseguir que no predomine la tentación de unirse al baile y a los bebedores de vino.
Jean Cocteau
El cordón umbilical
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