Si nos nada por reconocermelo. Al fin y al cabo nadie me va juzgar, ni hay testigos de mis pensamientos. Es verdad que cuando nos atrapa la tela de araña -entre el primer azar y el segundo- fantaseamos sin y a la vez nos conformamos con cualquier migaja, con oír lo a el - como a ese tiempo entre azares, es lo mismo- con olerlo, con vislumbrarlo, con presentirlo, con que aun este en nutro horizonte y no haya desaparecido del todo, con que aun no se vea a lo lejos la polvareda de sus pies que van huyendo.
Pág. 149 y fin de la novela.
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