…Advertí , caminando, que evocaba aquella tarde de hacía diecisiete años cuando había dejado Turín, cuando había decidido que una persona puede amar a otra más que a sí misma, y sin embargo yo sabía que lo único que quería era salir de allí, poner los pies en el mundo, y me era menester aquella excusa, aquel pretexto, para dar el paso. La tontería, la alegre inconsciencia de Guido cuando había creído que me llevaría consigo y me mantendría. Yo lo sabía todo ya desde el principio. Lo dejé hacer, intentarlo, debatirse. Hasta lo ayudaba, salía antes del trabajo para hacerle compañía. Esos eran mi enfado y mi mal talante, que decía Morelli. Me había reído y había hecho reír tres veces a mi Guido. ¿Había servido d algo? Ni siquiera había sido capaz de dejarme plantada. No se puede amar a otro más que a sí mismo. a quien no se salva por sí solo, no lo salva nadie.
De Cesare Pavese en ENTRE MUJERES SOLAS
No hay comentarios:
Publicar un comentario