…mientras aguardaba en el cuarto…
…presintió
...que podía escribir una escena como la sucedida junto a la fuente e incluir un observador oculto, como ella misma. Podría escribir la historia tres veces seguidas, desde tres puntos de vista; lo que la emocionaba era la perspectiva de libertad, de verse exonerada de la lucha engorrosa entre el bien y el mal , los héroes y los villanos. Ninguna de las tres versiones era mala ni tampoco especialmente buena. No necesitaba enjuiciar. No tenía que hacer una moraleja. Sólo había que mostrar mentes separadas, tan vivas como la suya., luchando contra la idea de que otras mentes estaban igualmente vivas. No era sólo la maldad y las intrigas las que hacían infeliz a la gente, sino la confusión y la incomprensión; ante todo, la incapacidad de
comprender la sencilla verdad de que las demás personas son tan reales como uno. Y sólo en un relato se podía penetrar en esas mentes distintas y mostrar que valían lo mismo. Era la única enseñanza que debía haber en una historia.
De Ian McEwan en EXPIACIÓN
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