sábado, 10 de enero de 2009

NO HE DE CALLAR, POR MÁS QUE CON EL DEDO...

Eduardo Haro Tecglen


19 de Julio de 1998


La mordaza



Creo en las encuestas como en las elecciones: producen resultados
relativos de una manera aproximada; según el momento en que se vota o
se opina o se calle y se niega la opinión. He aprendido a no pensar en
absolutos, en creencias únicas, en nada que lleve el prefijo "mono":
creo que cada vez se extiende mas esta forma un poco difícil de ser
individuo. Creo en la encuesta de estos días que dice que la prensa ha
perdido parte de la confianza de los lectores; y también los jueces.
Una cosa es la justicia y otra el juez; una es la libertad de expresión
y otra el periodista. Una cosa es la democracia; otra, el gobierno.


Una cosa es la felicidad y otra es usted. Medir la realidad con lo
ideal produce grandes decepciones. Amo la prensa porque creo que forma
parte de una libertad; que es una conquista lenta y a veces amarga que
se viene haciendo desde que se inventó la escritura, uno de cuyos
grandes momentos fue la prensa de Gutemberg y otros fueron el micrófono
y la cámara. Como todo amor, esta lleno de pérdidas de miedos, de
indignaciones: y es que solemos, también, comparar el amor con la
persona amada, que es de carne y hueso.


No creeré nunca en la exactitud de una noticia, o en la
comprobación total de una información: para ello tendrías que creer en
una realidad demasiado simple, y esa realidad no existe. Contra nuestro
"Libro de estilo" no reniego de los rumores, porque toda noticia es un
rumor, todo mensaje esta deteriorado en el camino, todo titular es obra
humana. Creo en mi derecho a recibir las informaciones posibles a
través del periódico que prefiero. No es real la información del diario
ni la de la historia; no lo es la del científico, que trabaja hasta
nueva orden, ni la sentencia que obedece a códigos redactados por una
clase determinada en un momento de su poder. Mi libertad está en leer
lo que mejor me acomoda, y en pensar sobre lo que leo, escucho o veo;
mi libertad es opinar sobre las sentencias, la constitución, los
códigos y las disposiciones de la junta de vecinos de mi comunidad. Soy
una minoría de uno. La democracia es una ley de mayorías que gobiernan
para respetar todas las minorías. Tiene una ley máxima original: el
pensamiento no delinque y su expresión es libre. Me parece abominable
cualquier nacionalismo; pero entiendo el derecho de las gentes a
defender el suyo, mientras no dañen mi incredulidad. La mía, no la de
mi idea. No hay ideas respetables, intangibles, tabú; pero son
intocables las personas que las tienen. Usted puede atacar el ateísmo,
pero no quemarme en la plaza publica. Ni ponerme una mordaza. Ni cerrar
el periódico que leo.--

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