“Amar debe de ser algo parecido a seguir el mismo ritmo, una casualidad tan maravillosa como si en el universo hubiese dos meteoros con la misma trayectoria, la misma órbita y la misma materia. Una casualidad tal que no se puede ni calcular ni prever. Tal vez ni exista siquiera. ¿He visto yo algo similar? Sí, quizá..., muy pocas veces..., y ni siquiera estaba seguro del todo. La identidad en la vida y en el amor. Dos personas a las que les gustan las mismas comidas y la misma música, que caminan al mismo ritmo por la calle y que se buscan al mismo ritmo en la cama: quizá sea eso el amor. ¡Qué cosa más rara debe de ser! Como un milagro... Yo imagino que los encuentros de ese tipo deben de ser místicos.
La vida real no se basa en tales probabilidades. Creo que las personas que “siguen el mismo ritmo, que segregan sus hormonas al mismo tiempo, que piensan lo mismo de las cosas y lo expresan con palabras idénticas...
Bueno, creo que eso no existe. Una de las dos será más lenta y la otra más rápida, una es tímida, la otra osada, una ardiente, la otra tibia. Así es como hay que tomar la vida, los encuentros... Hay que aceptar la felicidad así, en su estado imperfecto. Al fin y al cabo soy médico, no un soñador lunático.”
Pasaje de: Márai, Sándor. “Divorcio en Buda.”
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