“En lugar de lamentarse de que fuera anodino, Madeleine decidió que era amable. En lugar de pensar que había leído poco, Madeleine decidió que era intuitivo. Exageraba las capacidades mentales de Dabney, a fin de no sentirse superficial por desear su cuerpo. Para ello ayudaba a Dabney a escribir trabajos —los escribía ella, de acuerdo— de Lengua y de Antropología, y, cuando recibía una calificación inmejorable, la tomaba por una ratificación de su inteligencia. Lo despedía con besos de buena suerte cuando iba a pruebas de modelo en Nueva York, y a la vuelta lo escuchaba quejarse amargamente de los «maricas» que no habían contratado sus servicios. Resultó que Dabney no era tan bello. Entre los bellos de verdad no era más que alguien pasable. Ni siquiera sabía sonreír bien."
Pasaje de: Eugenides, Jeffrey. “La trama nupcial.”
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