“Seguía sintiendo debilidad por aquella entidad cada día más eclipsada: el escritor. Madeleine tenía el presentimiento de que la mayoría de los teóricos de la semiótica no habían tenido muchos amigos de niños; de que con frecuencia se les había hecho poco caso o habían sido víctimas de matones, de forma que habían dirigido su rabia aún viva contra la literatura. Querían degradar al autor. Querían que un libro —esa cosa obtenida con tanto esfuerzo, tan trascendente— fuera un texto, algo contingente, indeterminado y abierto a las sugerencias. Querían que el lector fuera lo más importante. Porque ellos eran lectores.
Mientras que Madeleine era absolutamente feliz con la idea del genio. Quería que un libro la llevara a lugares donde ella no podría llegar por sí misma. Pensaba que un escritor tenía que trabajar más para escribir un libro que ella para leerlo”
Pasaje de: Eugenides, Jeffrey. “La trama nupcial.”
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