Ocurre todos los años. Todos los años llegan los esquiladores, todos los años hay aventura y nerviosismo. Nunca terminará; no hay ninguna razón por la que deba terminar, mientras haya años.
J. M. COETZEE, Infancia

La palabra secreta y sagrada que lo ata a la granja es "pertenencia". Cuando está solo en medio del veld puede pronunciar las palabras en voz alta. "la granja es el lugar al que petenezco". Lo que cree de verdad pero no profiere, lo que guarda para sí por miedo a que se rompa el hechizo, es otra forma de decir la frase "yo pertenezco a la granja".
No se lo dice a nadie porque esa frase puede confundir muy fácilmente, se puede tornar a la inversa muy fácilmente: "la granja me pertenece". La granja nunca le pertenecerá, nunca será más que un visitante: lo acepta. Pensar que realmente pueda vivir en Vöelfontein, que pueda llamar a la gran casa vieja su hogar, que ya no tenga que pedir permiso para hacer lo que le apetezca, le da vértigo; aparta ese pensamiento de sí. "Yo pertenezco a la granja" eso es a lo más lejos que puede llegar, incluso en lo más recóndito de su alma. Pero en lo más recóndito y secreto de su alma sabe lo que la granja a su modo sabe también: que Vöelfontein no pertenece a nadie. La granja es más grande que cualquiera de todos ellos. La granja es eterna. Cuando todos estén muertos, incluso cuando la casa esté en ruinas como lo están los rediles de la colina, la granja seguirá aquí...
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