domingo, 16 de mayo de 2010

cuerdas muy profundas dentro de todos...




En 1999, el premio Nobel J.M. Coetzee fue galardonado con un segundo Premio Broker por la novela Desgracia. La historia, que transcurre en la Sudáfrica posapartheid, fue aclamada en el mundo entero como una obra fuerte y de gran complejidad en cuanto a personajes, emociones y relaciones sexuales. En opinión de la guionista y productora Anna-Maria Monticelli, la novela es “extraordinaria, valiente y real”. La guionista nació en Marruecos y siempre había querido rodar algo en el continente africano, además de leer regularmente a autores africanos. Su reacción cuando leyó Desgracia fue “orgánica e inmediata”. El director Steve Jacobs recuerda: “Anna-Maria estaba convencida de que podía ser una película con mucha fuerza. Estábamos de acuerdo en que la novela era fantástica y empezamos a movernos para conseguir los derechos”. DESGRACIA es la segunda película en que Anna-Maria Monticelli colabora con Steve Jacobs como director, después de La Spagnola. Cuando acaba el guión, sabe que “al entregárselo verá la misma película que yo. Confío plenamente en él y me asombra lo que es capaz de aportar”. El realizador y la guionista unieron sus fuerzas a las del productor sudafricano Emile Sherman, otro gran admirador de la novela: “Desgracia es una novela muy compleja; no conozco a nadie que reaccione del mismo modo al leerla”. El productor se había desplazado anteriormente al sur de Australia, donde vive ahora el autor J.M Coetzee, para comprar los derechos de la novela, pero ya los habían adquirido el director y la guionista australiana. “Me puse en contacto con ellos para ver si podíamos trabajar juntos en el proyecto. Siempre quisieron rodarla en Sudáfrica, pero no encontraban el apoyo necesario. Además, me había gustado mucho el trabajo de Steve en La Spagnola”. Cuando Steve Jacobs leyó la novela, le pareció realista, pero no desoladora. Dice: “El cine realista no está muy de moda actualmente, los espectadores prefieren evadirse”, lo que explica su enfoque de la película. “No es un estilo moderno, interactivo. Quiero que el público decida por sí mismo, por eso la cámara siempre está un poco atrás”. El realizador cree que la película, como el libro, levantará una controversia “productiva, nada sensacionalista. Tocará cuerdas muy profundas dentro de todos”.

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